
Arcoiris de cuentos
Alberto Acosta Brito
Arcoiris de cuentos By Alberto Acosta Brito
Copyright 2011 Alberto Acosta Brito
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A mi hija Roxania,
con todo el corazón.
Tabla de contenido
No hay que tener miedo a oscuridad
El que no oye consejos no llega a viejo
La liebre y la tortuga, 2da parte
Siempre di las palabras mágicas
La investigación de la muñeca desaparecida
Hace mucho tiempo, en el bosque, vivía una brujita con sus padres. Ella no quería ser bruja, pero sus padres la obligaban.
Una noche se escapó de su casa. Pasó una semana y sus padres estaban preocupados. ¡Ya la habían buscado por todo el bosque! ¿Dónde podría estar? Pero no habían buscado en la ciudad. Pasaron dos semanas, tres y a las cuatro semanas todavía la brujita no aparecía.
Una mañana tocaron a la puerta. La madre, desesperada por alguna noticia de su hija, abrió. Para su sorpresa y felicidad era Lili, la brujita, que se había hecho maestra. Les demostró a sus padres que no se puede obligar a nadie a hacer lo que uno quiere.
Lucy era una niña que le encantaban la escuela y los dulces. Un día se encontró una lámpara mágica y apareció un genio. Ella le pedió que la llevara al país de los dulces. Y enseguida se vio en aquel hermoso país. Empezó a comer y a comer hasta que se hartó. El genio se la llevó de vuelta a su casa. De tanto comer se enfermó y no pudo ir a la escuela por varios días.
–Espero que hayas aprendido la lección –dijo el genio.
Alicia era una niña de cabellos hermosos como el oro. Un día ella y yo estábamos hablando sobre planchas del pelo y ella pensó que eran las de planchar la ropa y cuando llegó a su casa cogió la plancha y se planchó el pelo, y además de que su mamá regañó, perdió su lindo cabello.
No hay que tener miedo a oscuridad
Dayana tenía dos amigas llamadas Roxana y Susana. Era muy feliz, pero había un problema: le tenía miedo a la oscuridad.
Un día hubo un apagón. Dayana sentía tanto miedo que sus amigas quisieron ayudarla. Intentaron cantar canciones, revisar la habitación, pero Dayana seguía igual. A Roxana se le ocurrió una idea: alumbrar el cuarto.
–¡Es una estupenda idea! –dijo Susana.
Cogieron las linternas y las encendieron. Dayana jamás volvió a sentir miedo.
En invierno 2 niños hicieron un gran muñeco de nieve, que como era tan grande se creía superior a los demás.
También hicieron muchos muñecos pequeños cerca de él.
Él se burlaba de ellos porque eran pequeños, creía que iba a durar para toda la vida, pero por ser tan pretencioso se comenzó a derretir una semana antes de que llegara el verano por estaba más próximo al sol.
Daniela fue llevada con solo 3 años a un círculo infantil para niños sin amparo filial. No conoce a su padre y su madre está presa. Cada vez que ella pregunta por su mamá y sus hermanos, las seños que la cuidan le dicen que viene ahorita. La engañan todo el tiempo diciéndole que se coma la comida para que venga su mamá. Como ella le tiene terror al baño y sobre todo a que le laven la cabeza le dicen lo mismo, aunque de todas formas grita tanto que da lástima.
Años después Daniela ya tiene 10 años y como ya es grandecita no cree eso de que vienen ahorita, porque jamás vienen y aunque sigue preguntándoles le continúan diciendo lo mismo.
Por eso un día ella se va de allí, cansada de que le digan “ahorita”. Esto es una de las cosas que causa la mentira.
Susana y Lorena eran muy amigas. Susi le prestó su muñeca favorita. Su amiga jugó mucho con ella y sin querer la descosió un poco, y se la devolvió muy apenada a su dueña, ella se molestó mucho con Lorena.
Lorena se puso muy triste y reconoció su error:
–Hay que cuidar lo ajeno.
Roxana, Carlitos y Roberto eran los niños del barrio. Allí vivía una viejita llamada Aleida que siempre regañaba a los niños porque hacían travesuras en su patio. Menos a Roxana que era una niña muy tranquila.
Un día la niña vio que la viejita estaba regañando a Carlitos que se subía en el árbol de su patio y después empezó a sollozar. Al otro día la niña decidió ir a visitar a Aleida y así lo hizo. Ella se puso muy contenta al recibir esta visita. Roxana le preguntó por qué lloraba el día anterior y la viejita le contestó que se había acordado de su nieto Alain que se había muerto y lo extrañaba mucho. Al día siguiente Roxana volvió a visitarla y le trajo pastelillos. Aleida le agradeció mucho. Pocas horas después Roxana reunió a los otros niños y les dijo que no hicieran más travesuras en el patio de la pobre viejita. Los niños no le hicieron caso y continuaron haciéndolo. La niña los volvió a regañar, y ellos esta vez le hicieron caso. Aleida le agradeció muchísimo y jamás volvió a llorar porque nadie maltrató a sus plantas y tenía una niña que la visitaba todos los días. Desde ese momento se le conoció como la viejita feliz.
Había una vez un rey que nada regalaba. Un día vino una familia pobre pidiendo comida para poder sobrevivir. El rey los mandó a la celda como hacía con todos los que le pedían.
Luego una niña pobre y huérfana le pidió comida.
–¿A cambio de qué? –dijo el rey.
–No tengo nada que ofrecerle –respondió la niña.
El rey estaba a punto de mandarla a la celda cuando vio un hermoso collar colgando de su cuello.