
Ira maldita
Alberto Acosta Brito
Ira maldita
By Alberto Acosta Brito
Copyright 2011 Alberto Acosta Brito
Smashwords Edition
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A mi esposa Sania y a mis hijos
Roxania, Albertico, Suleymis y Tonito.
Tabla de contenido
Bajo el yugo del encanto y el fuego
¡Qué horror! ¡Qué mundo! ¡Qué Dios!
Moriré, aunque simplemente no moriré.
Moriré, pero estaré en ti y en mí.
Moriré, con el pecho abierto cediéndote el corazón.
Moriré, para henchir los espacios prohibidos.
Moriré, con tu imagen atrapada en las pupilas.
Moriré, sin suspender uno solo de mis latidos.
Moriré, y seré cadáver privado –solo para ti–.
Moriré, a libre albedrío y espontáneamente.
Moriré, y mi muerte hará la parodia
de este amor clavado en mi pecho.
Amor, es sensación incomprensible,
símbolo de poetas
letras esculpidas en cualquier cosa.
Amor, es lo que confunde y desorienta
lo que derriba y construye.
Amor, es suspiro creador,
código hermético
irreverencia ante lo bello
lo único
lo irrepetible.
Amor, son ustedes,
aquellos, nosotros, cualquiera;
todos, hasta yo.
Pero sobre todas las cosas;
amor, eres tú.
Haz como si estuvieras en ascuas.
Pero asegúrate al subir
de llevar una sonrisa en los labios
y el corazón en las manos.
Asegúrate de llenar mi boca
con endemoniados besos.
Asegúrate de que seas tú
la tempestad añorada.
Haz como si estallaras
bajo mi cuerpo.
Pero asegúrate de que el dolor y el placer
se conviertan en orgasmo.
¡Qué se rompan los dientes!
en enfurecidas carnes,
que sature tu talante
el sabor placentero.
Que sea el amor
quien alimente la hoguera.
Esa mujer grita,
va hacia las esquinas
donde insulta
y esconde sus sudores.
Esa mujer posee siete vidas de gato
mientras yo busco refuerzos
apuntalo el sexo de este animal
de fibras y mil formas de crujir.
Fui víctima de la tentación,
puedo asegurar que estoy vivo
pero lleno de insultos y demoledores jadeos
que enaltecen el letargo liberado.
Esa mujer es un buen pretexto animal
lleva la verdad del juego peligroso
cargando en sus pechos
el crepitar de las medallas.
Ahora soy nuevamente víctima
situado en cualquier sitio,
un monarca pálido
atrapado en una gran abertura
donde se pierden los cojones
y mis brazos que arrancan pelos
esquivan dentelladas entre orgasmo y esperma.
El último grito de la fiera
quedó en un raro espanto,
sin renunciar
jamás;
al llanto,
a los ritos,
al delirio y,
a un poco más de muerte y placer.
Tú me dejas fuera de ti,
y yo puse una bomba,
y me hice terrorista,
me convertí en asesino en serie,
invertí la preferencia sexual,
me emborracho a toda hora,
organizo noche a noche una orgía con cien mujeres,
juego todo lo que tengo y más,
te amenazo de muerte,
y a pesar de todo
y por muchas cosas que me invente;
tú, no te me sales de adentro.
Tus tetas son dos pétalos
que me brindan las razones:
de amar y seguir amándote.